Reparación y sobriedad
Germán Mazuelo-Leytón (*)
 

Hace unos días supe, que estaba siendo retirado "por razones urbanísticas" de la principal avenida de Dublín, el monumento al Padre Theobald Mathew "el apóstol de la templanza" de Irlanda (1790–1856). El desmantelamiento me conmovió profundamente, porque ese sacerdote capuchino, encabezó un movimiento de templanza en su país, en un tiempo en que la intemperancia y la insobriedad se habían generalizado en todas las clases sociales de Irlanda. El P. Mathew llevó a efecto una de las más extraordinarias campañas de templanza jamás emprendidas, movilizándose "en el nombre de Dios", a lo largo y ancho de la "Isla Esmeralda", así como a Escocia, Inglaterra y Estados Unidos, moviendo a cientos de miles de corazones a asumir una promesa de abstinencia total.

Naturalmente, como efecto de su exitosa campaña de temperancia, muchas cervecerías y licorerías en Irlanda se fueron abajo, reduciéndose considerablemente la tasa de actividad delictiva grave. En esos tiempos Irlanda padeció también la llamada gran hambruna (1846-1849), en la que murieron dos millones de irlandeses, el P. Mathew demostró entonces, "ser más un apóstol de la caridad", gestionando y organizando la distribución de alimentos y otros suministros necesarios para los pobres, con fondos que había conseguido de sus amigos de Estados Unidos e Inglaterra.

Tras la muerte del P. Mathew, "Irlanda cayó nuevamente en el fango de la embriaguez", hasta que alguien pudo estar de pie y solucionar el problema del abuso del alcohol. Para contrarrestar esta deplorable situación, el sacerdote jesuita James Cullen, con "la ambición de ser otro Padre Mathew" inició en 1898 la Asociación Pionera, "convencido que un movimiento enraizado en la devoción al Sagrado Corazón, y atemperado por la discreción ignaciana podía lograr un cambio dramático en los hábitos alcohólicos perniciosos de sus contemporáneos. Desde su perspectiva religiosa la bebida sin restricciones, con todos los efectos resultantes, era uno de esos demonios que sólo se podían expulsar con una extensa campaña de oración y ayuno". (cfr. Marcos 9, 28)

No pedía la auto-negación a las bebidas alcohólicas a quienes estaban atrapados por su abuso, sino a quienes no lo padecían, guiado "por la máxima que "la Religión Cristiana condena la intemperancia, impone la temperancia, y recomienda la abstinencia total".

El P. Bernard McGuckian sj, dice: "Y, a sólo veinte años, más de 200.000 hombres y mujeres irlandeses habían asumido una promesa de abstinencia total de alcohol, produciendo nada menos que un milagro moral en la sociedad irlandesa". ¿Por qué se comportaron ellos tan estupendamente, y por qué tantos miles, permanecen fieles a esa prenda? La respuesta es simple y clara: por amor a Jesucristo, porque su auto-consagración al Corazón de Cristo, se vuelve inter-consagración. Fue la devoción al Sagrado Corazón la que suscitó la disposición a aceptar el sacrificio propio y la reparación.

El P. James Cullen tenía la seguridad del cumplimiento de la promesa hecha por el Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque, de que tres efectos especiales seguirían de la devoción al Corazón de Cristo, para beneficio de la familia humana entera, a saber, que los pecadores encontrarían en el Corazón de Cristo un océano de Misericordia, las almas tibias se harían fervorosas y las ya fervientes alcanzarían rápidamente la perfección puso en marcha su cruzada de templanza. El Venerable Matt Talbot, es un ejemplo extraordinario se reparación y reconstrucción de la vida. Matt, que había sido adicto al alcohol desde los 12 años, murió en olor de santidad, y de llegar a los altares, podría convertirse en el patrono de los adictos rehabilitados.

En muchos partes, hoy por hoy, el comercio del alcohol, es uno de los mayores contribuyentes a las economías, pero es también el mayor contribuyente "a la destrucción de familias, la baja producción en la industria, la carnicería en las carreteras y más recientemente, a nivel mundial, la causa de una deserción escolar demasiado temprana".

Entonces, la sobriedad es un servicio al Estado, porque una nación entregada a un consumo irracional de alcohol estaría violando su obligación de promover su propio bien común y terminaría poniendo en peligro la vida, por el aumento de enfermedades y muertes prematuras. El mensaje pionero por lo tanto es relevante hoy día, más que nunca antes: "sea sobrio por amor a Dios".

(*)Director Nacional Pioneros de Abstinencia Total.